10 Jun

El monolito de Ingá

monolito de inga En los desiertos del estado brasileño de Paraíba se encuentra uno de los mayores enigmas arqueológico del mundo: el monolito de Ingá. Esta roca de enormes dimensiones está cubierta de inscripciones jeroglíficas que han desafiado al tiempo y al clima para conservar la memoria de algún culto esotérico ancestral.

En las cercanías de Joao Pessoa, capital de Paraíba, está situada la población de Ingá. A ocho kilómetros de allí, en medio de un paisaje árido y rocoso, a orillas de un río seco, yace sobre una amplia plataforma pétrea un monolito que contiene alrededor de 500 enigmáticas inscripciones. De forma rectangular, mide cerca de 23 metros de largo y entre 3 y 3.8 metros de ancho. Las inscripciones están sobre su cara norte y abarcan una superficie de 18 metros de longitud y 1.80 metros de altura.

Esta escritura fue labrada sobre roca granítica formando profundos y pulidos surcos de 10 centímetros de ancho. A la visa de esta característica, los expertos aseguran que fue necesario emplear herramientas de metal para horadar hasta 3 centímetros de profundidad la piedra. Sin embargo, se asegura que los antiguos habitantes de Brasil desconocían los metales.

Sea como fuere, los obreros de Inga realizaron figuras de una complejidad inusual: espirales, surcos paralelos, curvos u ondulados, además, solo podían ejercer su trabajo en épocas de sequía, pues, con la llegada de las lluvias, el monolito quedaba sumergido bajo las aguas del río.

A principios de los 70, el boletín informativo del Centro Brasileño de Arqueología de Río de Janeiro publico un articulo del Ing. José Benicio de Medeiros en el que este explicaba como en 1962 había descubierto que las catorce inscripciones grabadas en la piedra de Inga se correspondían con las estrellas de la constelación de Orión y los planetas Marte, Júpiter y Saturno.

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Medeiros llego a la conclusión de que el monolito podía tener unos 6000 años de antigüedad. Ello significaría que las inscripciones de Paraiba serian 1000 años anteriores al complejo megalítico de Stonehenge.

El investigador Hans Kesselring escribió de los estados de trance que experimentan algunas personas cuando están frente al monolito. Esta situación les provoca visiones de otros mundos, de seres de diferentes universos. Es algo semejante a lo que sucede con la estatua de El negro, presuntamente olmeca, que está en el museo de San Adres, Tuxtla, de México.

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