7 Mar

La leyenda de los leones de Tsavo

En marzo de 1898, en la construcción de un ferrocarril en Kenia, África del Este surge esta historia. En la construcción de un puente sobre el río Tsavo, estuvo encargado el Coronel John Henry Patterson (1865-1947), ingeniero constructor de puentes.

Pero durante la construcción del puente la obra se tuvo que parar, porque cada día se está registrando muertes de trabajadores por un par de leones sedientos de sangre. Fueron dos animales que pertenecían a una subespecie, aquella en la que los leones carecen de melena, a unos 3 metros de largo fueron responsables de más de 140 muertes.

Los leones arrastraron a los hombres fuera de sus tiendas de campaña en la noche y se alimentan de sus víctimas. A pesar de la construcción de barreras de espinas alrededor de los campamentos, fogatas en la noche y un estricto toque de queda por la noche, los ataques se habían incrementado de manera espectacular, hasta el punto que la construcción del puente, finalmente ceso debido a una salida en masa de los trabajadores por el miedo a los leones.

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Los nativos los llaman shaitaini (demonios nocturnos) y traducido a Inglés Sombra y Oscuridad. Según el coronel John Patterson, el más tentador era que los leones eran extremadamente inteligentes. Sus formas de atacar y esquivar las trampas eran perfectamente coordinadas y estratégicas y eficaces, algo inusual para cualquier animal.

Lo extraño es que, de acuerdo con los informes del coronel Patterson, los leones cazaban juntos, y arrastraban a sus víctimas a una cueva para devorarlos. Esta versión es disputada por los arqueólogos que dicen que existían tribus que hacían rituales humanos como costumbres tribales en las cuevas de la región y por lo tanto los huesos encontrados por Patterson no son evidencia de que los hombres habían sido víctimas de los leones.

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Los lugareños afirmaron que los leones eran en realidad espíritus de dos jefes negros que estaban en contra de la construcción de la vía férrea, y así atacaron la región de la vía férrea en forma de leones. Después de nueve meses de ataques, las muertes sólo cesaron cuando Patterson logró matar a los leones. El primero, en la noche del 9 de diciembre de 1889, y la segunda en la mañana del 29 de diciembre al casi ser devorado en la segunda caza.

El hecho fue retratado en el libro The Man-Eaters de Tsavo, escrito por John Patterson y la película “El fantasma de la noche”  por Stephen Hopkins. Los leones eran abundantes en el pasado en esa zona y ahora están extintos y sus huesos están en exhibición en el Museo Field de Historia Natural de Chicago.

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