5 Feb

La leyenda de Teotihuacán

Sin duda, la leyenda de Teotihuacán es una de las más sonoras en todo México. Esto debido a que sus sitios son los que mejor se identifica al periodo prehispánico del área central de México.

Incluso antes de las investigaciones arqueológicas, esta «ciudad sagrada» nunca fue una ruina desconocida. Desde su abandono en el siglo VII fue un importante centro de veneración. Ya para el siglo XIX los viajeros se han maravillado ante su monumentalidad, sus pirámides y pinturas murales policromadas y su planificación urbanística.

La historia de Teotihuacan duró cerca de 700 años, desde el primer siglo de nuestra era, cuando se convirtió en el centro urbano dominante del altiplano central de México. Con cerca de 150 mil habitantes.

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Pasando por la construcción de tres de las estructuras monumentales más emblemáticas del México prehispánico la Pirámide de la Luna, la del Sol y la Ciudadela. Hasta que fue abandonada, hacia el año 650 d.C., cuando, luego de un acto violento, se quemaron y destruyeron edificios públicos naciendo la leyenda de Teotihuacán.

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Urbanismo y arquitectura que hablan sobre la leyenda de Teotihuacán

Teotihuacan era un centro urbano ubicado en la parte noreste del Valle de México. La ciudad tenía una orientación norte-sur. Con edificios organizados en barrios que le daban a la ciudad un aspecto de retícula. Un patrón desconocido hasta entonces en Mesoamérica. Su eje central estaba indicado por la llamada Calzada de los Muertos, que hoy en día mide cerca de dos kilómetros. Corría de sur a norte hasta la plaza dominada por la Pirámide de la Luna.

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Con la edificación de la Ciudadela y el Templo de Quetzalcóatl —alrededor del 150 d.C.—, se agregó una avenida en sentido este-oeste que cruzaba la gran calzada. Con ello el espacio urbanístico quedó dividido en cuatro cuadrángulos. Esto hacia que coincidiera con una división ideal de la superficie de la Tierra en cuatro cuadrantes. Una especie de cosmograma. Las dos pirámides, la Ciudadela y la Calzada de los Muertos se consideran manifestaciones del poder de la elite gobernante.

Se presume que la teotihuacana era una sociedad estratificada, predominantemente religiosa y militar, con rituales y creencias asociadas para reforzar la ideología del Estado.

leyenda de Teotihuacán

El esplendor de la pintura

Las evidencias arqueológicas señalan que a partir del año 250 no se construyó ningún edificio colosal y la energía se concentró en la pintura mural. Esta se convirtió en una de las formas artísticas preferidas durante más de 500 años. Las pinturas cubrían  tanto los muros de los edificios ceremoniales como los de los complejos habitacionales multifamiliares.

La arquitectura y la pintura fueron tan inseparables que aun antes de construir un edificio, se planeaban las pinturas que se iban a plasmar en sus paredes. De este modo que el orden de lectura dependía de su disposición en el espacio arquitectónico.

En los murales se pintaron figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas hombres o deidades, animales y plantas, respectivamente. Además de una variedad de signos que no se identifican fácilmente con objetos naturales. Figuras híbridas como serpientes, jaguares e incluso caracoles emplumados.

También hay pinturas que muestran escenas complejas en las cuales se exhiben múltiples personajes con diferentes actividades. Estas siempre interactuando en movimientos desenfrenados, como es el caso del llamado mural de Tlálocan.

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Los artistas teotihuacanos crearon manifestaciones plásticas a partir de su modo de concebir el mundo. Coincidían con sus creencias mágicas y religiosas; es decir, sus creaciones no partieron de la observación y reproducción exacta de la naturaleza.

Estas partían de la creación de una nueva realidad que recobró sentido en esa cultura concreta, en la que se construyó un mundo con imágenes y conceptos idealizados. Eran las mismas familiares para sus receptores de antaño. Tal es el caso, por ejemplo, de los árboles. Los cuales no eran importantes en la leyenda de Teotihuacán como fenómenos botánicos, sino como signos metafísicos, cuya finalidad era recrear un paisaje mítico.

Lo mismo pasa con las representaciones que combinan rasgos de varios animales que hacen que crezca la leyenda de Teotihuacán. Un objeto natural es convertido en signo e insertado en un mundo mágicomítico. Es decir, lo que importa es la significación que tiene un objeto, y no el objeto mismo.

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