2 Oct

Jesús, un simple profeta para el Islam

Jesus, un simple profeta para el IslamA la Iglesia de la Natividad peregrinan desde todos los rincones del mundo creyentes tanto musulmanes como cristianos. Muchos cristianos ignoran que los creyentes en la Biblia y en el Corán comparten su fe en Jesús. Lamentablemente y quizás debido a los fundamentalistas musulmanes, muchos creemos que los musulmanes odian la figura de Jesús o todo lo que tenga que ver con el. Y es falso, puesto que a Jesús se le ve en el Islam como un profeta de Dios que preparo el camino a Mahoma.

«Isa, hijo de María». Así se refiere a Jesús el Corán. En la primera mención a Isa en el libro sagrado del Islam leemos: «Y revelamos a Moisés el Libro y después de él enviamos Mensajeros y concedimos a Jesús, el hijo de María, pruebas evidentes y le fortalecimos con el Espíritu Santo (el ángel Gabriel). ¿Es que cada vez que se os presentaba un Mensajero que no satisfacía vuestros deseos os ensoberbecíais y desmentíais a uno, y a otros los matabais?», (Sura 2-87). Además, el tercer capítulo del Corán está dedicado íntegramente a sus abuelos Imran (Joaquín) y Ana, padres de María, bajo el título de La familia de Imran.

Jesus, un simple profeta para el Islam

El Corán se ocupa de la historia de Isa incluso desde antes de su nacimiento, ya que el Islam «coloca» a Jesús en un punto intermedio entre el judaísmo –que lo identifica con un falso Mesías– y el cristianismo, que lo considera Dios hecho carne. Si el tercer capítulo del Corán describe el nacimiento de María, madre de Jesús, como parte de un plan cósmico para preparar la llegada del profeta Isa, el capítulo 19 está dedicado íntegramente a su persona y al nacimiento de Jesús: «Se quedó encinta y se retiró con él a un lugar distante. Y los dolores del parto la llevaron junto al tronco de la palmera. Ella dijo: ‘¡Ojalá hubiera muerto y se me hubiera olvidado completamente antes de esto’. Pero él por debajo de ella le llamó: ‘¡No te aflijas! Tu Señor ha puesto a tus pies un arroyo. ¡Sacude hacia ti el tronco de la palmera, y ésta hará caer sobre ti dátiles frescos y maduros! ¡Come, pues, bebe y sosiégate! Y si vieras a algún mortal, dile: He hecho voto de silencio al Misericordioso. No hablaré, pues, hoy con hombre alguno’.
Volvió con él (Jesús) a su gente llevándolo en brazos, y ellos dijeron: ‘¡María!, seguramente has cometido algo sospechoso. ¡Hermana de Aarón!, tu padre no era un hombre malvado, ni tu madre una ramera’. Ella (María) señaló al niño, pero ellos dijeron: ‘¿Cómo vamos a hablar a uno que aún está en la cuna, a un niño?’ Dijo él: ‘Soy el siervo de Dios: Dios me ha dado la Escritura y me ha hecho profeta. Me ha bendecido donde quiera que me encuentre y me ha ordenado hacer la oración y ofrecer el zakat (caridad o limosna) mientras viva. Que sea bondadoso con mi madre. No me ha hecho arrogante ni desgraciado. La paz sea conmigo el día que nací, el día que muera y el día en que sea resucitado a la vida’». (19:22 21)
El fragmento anterior es esencial para comprender el distanciamiento entre Islam y cristianismo. Para los musulmanes Jesús nunca se autodenominó hijo de Dios, ni mucho menos Dios encarnado. Continúa el Corán en la sura de María: «Dijeron: ‘El Misericordioso ha adoptado un Hijo’. Ciertamente, habéis proferido una terrible blasfemia. Los cielos casi se desgarren por ello, la tierra se abra y las montañas caigan demolidas, porque ellos han atribuido al Misericordioso un hijo. No procede que el Misericordioso tenga un hijo y no hay nadie en los cielos ni en la tierra que no venga al Misericordioso sino como Su siervo». (19:88 91)

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Para Muhammad Ataur Rahim, autor de Jesús, un profeta del Islam, estudió durante años todas las fuentes cristianas –tanto apócrifas como oficiales–, judaicas e islámicas sobre Jesús. Consultó los manuscritos de Qumran, la historia de la Iglesia, los hadizes o tradición oral del profeta Mahoma, etc. Con toda esta documentación realizó un detallado análisis de cómo se gestó el dogma de la Santa Trinidad en el cristianismo y cómo se convirtió a Jesús en Hijo de Dios. Rahim explica la evolución de las enseñanzas de Jesús, desde el momento de su aparición pública hasta que en el año 325 se difundió oficialmente la doctrina de la Trinidad. Y compara la «conspiración» política del emperador Constantino, al declarar la divinidad de Jesús y al cristianismo como religión oficial del Imperio Romano, con una maniobra similar que intentó el primer ministro de Japón, Tojo, en la II Guerra Mundial. En vísperas del Ramadán, varias emisoras de Tokio comenzaron a difundir comunicados con el aviso de que el país del sol naciente iba a convertirse en la nueva meca del Islam.
Concluye Ataur Rahim: «Tojo no logró la cristalización de su plan. En cambio, el emperador Constantino triunfó en sus aspiraciones, que tanto se parecían a los planeados en nuestra era por parte de Tojo. Y la prueba de ello está en el hecho de que Roma pasó a ocupar desde entonces el papel que le correspondía a Jerusalén como centro mundial de la cristiandad». Para lograrlo, Constantino convirtió a Jesús en Dios, apropiándose así de una autoridad irrebatible.
El autor de Jesús, un profeta del Islam contrasta los evangelios canónicos y las tradiciones sobre el nacimiento de Jesús, resaltando los puntos en común y contradicciones, para concluir con una cita del Corán –que esencialmente cristianos y musulmanes pueden compartir–, según la cual aunque Jesús no es el Hijo de Dios, no fue engendrado por un hombre mortal. En conclusión, según el Corán Jesús jamás pretendió ser adorado como una divinidad, ya que sólo existe un Dios, único y eterno, que no engendró ni fue engendrado y, por tanto, no puede tampoco ser «tres en uno».

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Jesus, un simple profeta para el Islam

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Los hadizes o tradición islámica describen a Isa del siguiente modo: «Un hombre rubicundo tendiendo a blanco. Su cabello no era muy largo. No untó jamás su cabellera. Él acostumbraba caminar descalzo. No tenía casa, ni adornos, ni mercancías, ni vestimenta, ni provisiones, excepto el alimento de cada día. Solía tener sus cabellos en desorden y su rostro era pequeño. Era un asceta en este mundo, añorando la otra vida y adoraba a Dios ávidamente».
Su aspecto era, por tanto, muy similar al de cualquier otro palestino de la época. Por eso, en el momento de ser detenido en el huerto de Getsemaní, por orden de Herodes, la oscuridad y la confusión provocaron que los soldados apresaran a otro, confundiéndolo con Jesús. Es decir, el auténtico Isa jamás fue crucificado.

El Corán es concluyente al respecto: «Y dijeron: ‘Hemos matado al Mesías Jesús, hijo de María, el Mensajero de Allah’. Pero no le mataron ni le crucificaron, sino que se les hizo confundir con otro a quien mataron en su lugar». (Sura 4-157). Esta es la creencia de todos los musulmanes: Jesús no murió en la cruz y, por tanto, nunca pudo resucitar. Al igual que Enoc o Elías antes que él, ascendió a los cielos en cuerpo físico y se encuentra esperando al día del Juicio Final para regresar a este mundo.

Al igual que un cristiano debe aceptar el Antiguo Testamento, aunque rechace el judaísmo, un musulmán acepta el Evangelio a pesar de no ser cristiano. Y de la misma forma en que Juan el Bautista (cuya historia también esta relatada en la sura 19 del Corán) preparó el camino para Jesús, éste preparó el camino para el profeta Mahoma. Así lo expresa el Corán: «Y cuando Jesús, hijo de María, dijo: ‘¡Oh, hijos de Israel! Yo soy el Mensajero de Allah (Dios), enviado a vosotros para corroborar la Tora y anunciar a un Mensajero que vendrá después de mi, llamado Ahmad (uno de los nombres del profeta Mahoma)’». (Sura 61-6). Pero esta no es, según el Islam, la única misión de Jesús. Leemos en la Sura 4-159: «Entre la Gente del Libro no habrá nadie que no crea en él (Jesús) antes de su muerte (después de descender otra vez a la Tierra). El Día de la resurrección atestiguará contra ellos». Y es que, desde los orígenes mismos del Islam los musulmanes esperan el retorno de Jesús en el día del fin de los tiempos. Según las profecías islámicas, Isa Ibn Marian ascendió a los cielos en cuerpo y alma, ya que no murió en la cruz, y regresará para juzgar a la humanidad.

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Ya Abdullah Ibn Umar, uno de los compañeros del profeta Mahoma, relató cómo el fundador del Islam le contó en una ocasión un sueño que había tenido con Jesús. Mahoma fue muy claro con su promesa a Ibn Umar y a otros de sus seguidores que escribieron después sus mensajes: en el final de los tiempos Isa Ibn Marian volverá a encarnarse en la Tierra. Vivirá 45 años entre los hombres y después será el juez de nuestros pecados.

El Corán se refiere también a los milagros de Jesús, como la resurrección de muertos o haber hecho bajar del cielo una mesa surtida de viandas. Por ejemplo, en la Sura 5-110 se dice: «Cuando Allah dijo: ‘¡Oh, Jesús hijo de María! Recuerda la gracia que os concedí a ti y a tu madre, cuando te di fuerzas mediante el Espíritu Santo y hablaste a la gente estando en la cuna y de adulto te enseñé la escritura, la sabiduría, la Tora y el Evangelio. Y cuando hiciste con arcilla la forma de un pájaro, con Mi anuencia, luego soplaste en él y se convirtió en pájaro con mi anuencia, y curaste al ciego de nacimiento y al leproso con Mi anuencia, y resucitaste a los muertos con Mi anuencia’».
De la misma forma que Jesús no arremetió contra el Antiguo Testamento, la Tora o el Talmud, sino que vino a completarlos, en ningún momento el profeta Mahoma pretendió desmerecer a Jesús. Sin embargo, es cierto que el Corán aporta informaciones que corrigen algunas afirmaciones de la Biblia. En la actualidad todos los especialistas han concluido que la Biblia, tal y como hoy la conocemos, ha sufrido diferentes traducciones, versiones, mutilaciones y ampliaciones y, por tanto, no se puede considerar que recoja literalmente las palabras de Jesús. En el caso del Corán, la pureza de las fuentes es mucho más fiable por dos razones fundamentales. En primer lugar, el Corán es cinco siglos posterior al Nuevo Testamento. Además, el profeta Mahoma no sabía leer ni escribir, por lo que dictaba a sus seguidores más cercanos los textos que a su vez le iba revelando Dios. Y sus seguidores, y esto es lo más importante, memorizaban literalmente esos textos hasta llegar a aprenderse de memoria el Corán completo. Una costumbre ésta que se mantiene todavía en el mundo árabe. A lo anterior hemos de añadir que, a pesar de la gran variedad de dialectos que existen en torno a la lengua árabe, todos los musulmanes estudian el Corán en árabe fusha, la lengua en la que fue escrita su primera versión y que siempre se ha mantenido igual. Argelinos, saudíes, palestinos, sudaneses, yemenitas, jordanos, iraníes, afganos o libaneses, todos han respetado la lengua original del Corán independientemente del dialecto que se hable en sus países, gracias a lo cual se ha mantenido la pureza del libro sagrado del Islam.
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