A su paso por Europa, donde llegaron en el siglo XII procedentes de Asia, los gitanos inventaron leyendas fascinantes sobre su origen, títulos nobiliarios y países inexistentes, como ese «pequeño Egipto», del que se declaraba originario el supuesto conde Juan. Este halo de misterio y confusión, que ellos mismos contribuyeron a crear con estas fábulas, les sirvió en aquella época como una herramienta de defensa. Al escucharles relatar su pasado legendario, las diversas sociedades a las que se incorporaban quedaban deslumbradas y, si no les aceptaban con más facilidad, al menos les toleraban, concediéndoles el beneficio de la duda. Sin embargo, con el tiempo, esta estrategia acabó por borrar la memoria colectiva de su verdadera procedencia.
Del pequeño Egipto
La versión ocultista más conocida sobre el origen de los gitanos sitúa sus raíces en el antiguo Egipto. Según esta tradición, las artes adivinatorias y el profundo conocimiento de sortilegios y hechizos atribuidos a este pueblo, se debería a que durante mucho tiempo estuvieron en posesión de dos libros prodigiosos, rescatados de la malograda Biblioteca de Alejandría durante el fatal incendio que sufrió en el año 47 de nuestra era.
El primero sería un texto expurgado de la Biblia por su supuesto contenido herético, o bien para preservar su esoterismo. Una de sus versiones se conoce desde el siglo XVIII, cuando un explorador británico llamado Bruce lo descubrió en un monasterio etíope. La revelación que en dicho libro se hace al profeta Enoch detalla el castigo a los ángeles rebeldes por unirse sexualmente con las hijas de los hombres.
Durante la helenística, autores como Filón de Alejandría identificaron a los extraños «hijos de Dios», mencionados en el Génesis, con ángeles caídos por culpa del deseo sexual. Según una tradición recogida en el Talmud judío, tuvieron hijos con las mujeres, transmitieron a éstas los secretos de la magia y el sacerdocio y enseñaron a sus descendientes –gigantes antediluvianos y héroes famosos– las ciencias ocultas. Al hacerse con una versión más extensa del Libro de Enoch, los gitanos habrían accedido a dicho legado.En cuanto al Tarot, según la misma versión ocultista, provendría de un libro que reuniría el saber secreto de los sacerdotes egipcios. La posesión de ambos tratados habría dado a los gitanos el conocimiento y el poder que se les atribuye de conocer el futuro o realizar hechizos y sortilegios.
¿Por qué emigraron los gitanos?
Una segunda ola migratoria habría tenido lugar en el siglo XIII, ante la llegada de los ejércitos mongoles. En esta misma línea, otra hipótesis sostiene que los antecesores de los roma descenderían de una amalgama de pueblos, elegidos a principios del siglo XI entre algunas castas del noroeste de la India para formar un ejército que resistiera las mencionadas invasiones islámicas. Al ser vencida, dicha fuerza militar se vio obligada a huir.
Magos intocables
Ninguno de ellos, siempre según esta organización, tendría tantos elementos judaicos como los gitanos. Esta teoría sostiene que, tras su exilio forzoso en Irán, las tribus que integraban el reino de Israel (también conocido como reino de José, de Efraim o de Samaria) adoptaron las creencias y prácticas de los magos mazdeístas, pero conservaron su herencia mosaica original, exceptuando el idioma.
Otra pista que apunta a la filiación semítica sería el término griego con el que se conoce también a los gitanos, tzigani, que viene del griego athinganoi, «intocables», y que en realidad es el nombre de una secta religiosa asentada en el siglo X en Frigia y Tracia (Asia Menor).
Este escenario parece más probable que el de su origen en el antiguo reino de Israel, ya que nos sitúa en una época muy posterior al destierro en masa de su pueblo, que dio lugar a las tribus perdidas hacia el siglo VIII a.C. Por otro lado, les relacionaría con los numerosos grupos judíos de la diáspora permanente desde Palestina, que colonizó el Mediterráneo oriental durante todo el periodo grecorromano de la helenística y entre los cuales prendió el cristianismo, explicando así que los gitanos lo hubieran adoptado, a diferencia de su característico rechazo de otras tradiciones religiosas.

En la noche del 1 de agosto de 1944, las SS asesinaron en Auschwitz a más de tres mil gitanos. Necesitaban espacio para recibir a nuevos contingentes de judíos, que eran transportados en trenes de ganado desde Hungría. Esa jornada terrible, raramente recordada en las historias del nazismo y sus crímenes contra la humanidad, lleva el nombre de Zigeunernacht (noche de los gitanos). Para no olvidar tal genocidio, desde el año 2000, cada 1 de agosto, se celebra en Budapest un homenaje a las víctimas gitanas del holocausto.
En cualquier caso, el enigma sobre su origen no ha podido ser desvelado y sigue en pie. Pero, ¿no es este hecho otra seña de identidad compartida con el pueblo judío? También en este último caso es imposible dar una respuesta segura desde la historia y, como sucede con la «raza calé», la búsqueda de sus orígenes nos aporta pistas que conducen alternativamente al antiguo Egipto, al sur del Cáucaso y a la antigua Sumer.
Más aún: la teoría más aceptada, según la cual los gitanos son originarios de la India, no es incompatible con su origen judío, puesto que existían numerosas colonias hebreas en ese país y en el sur de China ya en la época helenística, más de diez siglos antes de la supuesta migración que condujo a los gitanos hacia el oeste.



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