; ESPACIOS OCULTOS: 10/01/09

ESPACIOS OCULTOS

Donde la ciencia y lo paranormal se unen para abrir tu mente de una manera clara y precisa, tratando el tema ovni de una forma seria.

Richard Greenberg, un científico de la Universidad de Arizona, ha determinado que Europa, una de las lunas de Júpiter, tiene la suficiente cantidad de agua rica en oxígeno como para soportar no sólo organismos simples, sino también formas más complejas. El estudio del hielo superficial de Europa, y la forma en que se repone, ha permitido estimar que el oxígeno llega a los océanos subterráneos y es “suficiente para alimentar a una macrofauna de animales.”

A pesar de la distancia que la separa del Sol y de la Tierra, y de los esfuerzos puestos en conquistar el planeta Marte, es muy posible que sea Europa -una de las lunas de Júpiter- el cuerpo celeste más propicio para ser colonizado por los humanos. En 1995, el Telescopio Espacial Hubble había descubierto claros indicios de que Europa podría contener cantidades no determinadas de oxígeno. Casi 15 años más tarde, luego de sopesar concienzudamente los datos disponibles, los científicos se animan a lanzar una hipótesis muy interesante: en Europa habría oxígeno en cantidad suficiente para sustentar la vida tal como la conocemos. De estar en lo cierto, de todos los planetas y lunas del Sistema Solar, Europa sería el que posee la suficiente cantidad de agua y oxigeno como para sustentar formas de vida complejas.

Europa siempre ha sido considerado uno de los satélites más interesantes del Sistema Solar. Su superficie está cubierta por una capa de hielo de agua y agua líquida de unos 100 kilómetros de espesor. A pesar de que es más pequeña que la Tierra (tiene el tamaño aproximado de la Luna), Europa contiene el doble de la cantidad de agua que se puede encontrar en nuestro planeta contando océanos, glaciares, lagos, ríos y lagunas. Esto, por sí solo, no quiere decir que contenga vida. Pero está claro que si bajo de las capas de hielo Europa posee un océano de agua líquida, al que llega la cantidad suficiente de oxigeno, podría ser el lugar adecuado para comenzar a buscarla.El que ha puesto a Europa nuevamente sobre el tapete es Richard Greenberg, de la Universidad de Arizona. El estudio que ha realizado le ha permitido estimar que el vasto océano que cubre a Europa “podría concentrar más oxígeno que nuestros océanos”. Concentraciones semejantes serían -sin lugar a dudas- suficientes para suportar la existencia no solo de microorganismos sino de animales más grandes. Greenberg se está preparando para presentar su estudio en la próxima reunión de la Sociedad Astronómica Norteamericana, a realizarse próximamente en Puerto Rico.

Si tenemos en cuenta que en la Tierra hemos encontrado organismos complejos viviendo el lugares con temperaturas o presiones absolutamente disparatadas, alimentándose de sulfuros o respirando (o metabolizando) el metano que pueden capturar alrededor de los pequeños volcanes y las aguas termales en el fondo de los océanos, no es tan descabellado pensar que Europa podría contener seres así. Una de las cosas que más llamó la atención de Greenberg fue que el hielo que cubre el satélite joviano no posee prácticamente huellas de haber sido impactado por asteroides.
Obviamente, al igual que todos los cuerpos celestes del Sistema Solar, Europa debe recibir periódicamente impactos de todo tipo. La ausencia casi total de cráteres o marcas le permitió calcular que la capa de hielo que cubre sus océanos “es muy fina y se regenera de forma permanente y rápida”. Y si es delgada, entonces el oxigeno puede atravesarla e ir a parar al agua liquida que está debajo. Como sea, parece que la NASA debería ir preparando de forma urgente una misión destinada a visitar Europa. Quien sabe, quizás nuestros “primos” estén viviendo allí.

Fuente: Neoteo
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El 30 de junio de 1908 una enorme bola de fuego surcó el cielo del amanecer sobre Siberia, para luego estallar a una altura de 8000 m sobre el valle rocoso del río Tunguska con el poder equivalente a la de una bomba nuclear de doce megatones y medio. El calor incineró rebaños de ciervos, carbonizó millares de árboles a lo largo de decenas de hectáreas y a 1600 kilómetros de distancia. Según una teoría popular, la explosión de Tunguska fue en realidad una ráfaga nuclear causada por el incendio de una nave espacial atómica. Pero otra importante teoría afirma que el objeto de Tunguska era la cabeza de un pequeño cometa.

La gran bola de fuego siberiana de 1908 fue un acontecimiento tan excepcional que suscitó una controversia que todavía prosigue. Las explicaciones al respecto entran en el reino de lo extraño, incluida la notable hipótesis según la cual el fenómeno fue causado nada menos que por un aterrizaje de emergencia de una nave espacial movida por energía nuclear, tal vez de origen extraterrestre.

La zona en la que cayó el objeto, en el valle del río Tunguska Pedregoso, estaba escasamente poblada por los tunguses, pueblo nómada de origen mongol dedicado al pastoreo de renos. Cerca del centro de la explosión, al norte de Vanavara, varios tunguses fueron lanzados al aire por la explosión, y sus tiendas fueron arrebatadas por un viento violentísimo. A su alrededor, el bosque empezó a arder.

Cuando los asombrados tunguses inspeccionaron cautelosamente el lugar de la explosión, encontraron escenas de terrible devastación. En un circulo de 30 kilómetros, los árboles habían sido derribados como cerillas de madera y el calor intenso producido por la explosión había fundido objetos metálicos, destruido almacenes y reducido varios renos a cenizas. No quedaba en aquella zona ningún animal vivo, pero, milagrosamente, ningún ser humano murió a consecuencias del desastre. Se dijo también que había caído en aquellos lugares una misteriosa "lluvia negra".

Los efectos de la explosión de Tunguska fueron vistos y sentidos en un radio de más de mil kilómetros. Informes procedentes del distrito de Kansk, a 600 kilómetros del punto en que se produjo el estallido, describieron sucesos tales como barqueros precipitados al agua y caballos derribados por la onda expansiva, mientras las casas temblaban y los objetos de loza se rompían en sus estantes.

El conductor del Transiberiano detuvo su tren temiendo un descarrilamiento, al notar que vibraban los vagones y los rieles.

Otros efectos fueron percibidos en lugares muy distantes del globo. En toda Europa se registraron ondas sísmicas parecidas a las de un terremoto, así como diversos trastornos en el campo magnético terrestre. Más tarde, los meteorólogos hallaron en los registros de sus microbarógrafos que las ondas atmosféricas producidas por la detonación habían dado dos veces la vuelta a la Tierra.

En gran parte de Europa y Asia occidental la noche quedó extrañamente iluminada después de la caída de la bola. Informes procedentes de estos lugares hablan de noches cien veces más luminosas de lo normal, y de unas tonalidades carmesíes en el cielo, semejantes al resplandor de un incendio, hacia el norte. Estas extrañas luces no titilaban ni formaban arcos, como ocurre con las auroras boreales; eran semejantes a las que se produjeron tras la explosión del volcán Krakatoa, que inyectó inmensas nubes de polvo en la atmósfera.

La explicación del acontecimiento siberiano del año 1908 mediante un choque entre un cometa y la Tierra resulta hoy, para la mayoría de los investigadores, la más plausible: dicha colisión puede explicar el fenómeno sin necesidad de recurrir a hipótesis más extrañas y fantásticas.

Contra la hipótesis del cometa se ha afirmado que un astro de este tipo difícilmente habría pasado inobservado por los astrónomos en los días, o mejor dicho, en las noches anteriores al choque; pero de la trayectoria de caída parece deducirse que el cometa procedía de una dirección muy próxima a la del Sol, por lo tanto sería difícil de ver antes de la colisión. Sobre todo si este cometa, como algunos sostienen, había agotado la reserva de substancias fácilmente volátiles, reduciéndose a un agregado inerte, sin cabellera ni cola, elementos que hacen vistosos a estos astros, presentándose, por tanto, como un minúsculo asteroide.

Si se comparan los sismogramas del fenómeno Tunguska con los de explosiones nucleares aéreas se ve que los efectos sismológicos estarían de acuerdo con una explosión de una potencia de 12 megatones a 8 Km. de altura. Según una hipótesis formulada en los años 30 por el astrónomo I. Astapovich y el meteorólogo F.J. Whipple, el fenómeno Tunguska se debió a la colisión de la Tierra con un pequeño cometa cuyo núcleo, dada la masa estimada, habría debido tener varios cientos de metros de diámetro. La cohesión del conglomerado que constituye el núcleo de un cometa es lo bastante débil como para permitir su desintegración rápida en el aire, provocando una explosión de gran magnitud antes de llegar a chocar con el suelo. Las destrucciones se deberían, fundamentalmente, a la onda de choque atmosférica y, secundariamente, a la onda térmica.

En realidad, desde el punto de vista científico nunca se dudó de que se trató de un meteoro. Fue la imaginación desbordada de algunos autores la que pretendió darle otra explicación.
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Este blog nace de la necesidad de llevar informaciones cientificas y al mismo tiempo temas paranormales que no tienen explicaciones logicas.







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