31 Dic

El Enigma de los Zombis

Los Zombis Uno de los mitos inseparable del vudú es el de los zombie; los muertos vivientes. El cine americano de serie B o videoclips como Thriller de Michael Jackson, nos han transmitido una imagen poco real de los muertos vivientes. Porque los verdaderos zombie, que los hay, no son esqueletos descarnados que salen de sus tumbas para asesinar a jóvenes excursionistas.

Numerosos médicos, psiquiatras y antropólogos han estudiado el mito zombie encontrándose con una fascinante y aterradora realidad. Es imposible mencionar esta perspectiva científica del misterio sin traer a colación la obra del antropólogo, etnobotánico y biólogo de la Universidad de Harvard, Wade Davis: El Enigma Zombie, obra que desarrollo en Haití, en torno a los legendarios zombies; los “muertos vivientes”.

Los ZombisA pesar del escepticismo e incluso la repulsa con que la mayoría de los científicos, incluyendo los médicos haitianos, trataba el mito de los “muertos vivientes”, Davis y sus patrocinadores supieron atisbar una realidad de gran interés científico oculta por el velo del misterio y la superstición. No era la primera vez que se documentaba médicamente un caso de zombificación, pero en ocasiones anteriores el pretencioso despotismo científico había ahogado el interés de esos casos bajo calificativos como “tonterías de negros”, “supercherías”, “mitos populares”, etc. Y si existía un certificado de defunción de un individuo que era hallado de pronto deambulando por las calles de Puerto Príncipe, se atribuía a una confusión, un fraude o un error médico. Todo el mundo sabe que no se puede regresar de la muerte…


Francina IlleusPero en esta ocasión no solo existían los historiales clínicos y certificados de defunción de Clarvius Narcisse y Ti Femme, sino que sus respectivas familias y vecinos los reconocieron.

Clarvius Narcisse murió en 1962. Tras una sintomatología creciente, Narcisse ingresó en el hospital haitiano Albert Schweitzer, en Gonaives, un martes. Tenía nauseas, mareos, tos y respiraba con dificultad. Al día siguiente entró en agonía y poco después moría. Su certificado de defunción está firmado por tres médicos de dicho hospital. El cadáver de Narcisse fue enterrado y, con el tiempo, olvidado. Sin embargo, en 1980, -18 años después de morir- Clarvius Narcisse apareció en su antigua casa vivito y coleando.

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Excepcionalmente, para los casos de zombies, Narcisse conservaba una cierta lucidez y la capacidad de expresarse, y pudo explicar como había estado consciente durante todo el tiempo que duró su muerte y entierro. Había escuchado a los médicos certificar su defunción. Había sentido la sábana cayendo sobre su cara al considerarlo cadáver. Había oído a su hermana llorar sobre su ataúd. Incluso conservaba aún una herida en la cara provocada por un clavo que atravesó la tapa del féretro rasgando su rostro. Y después el terrible silencio y la oscuridad del cementerio. Después, según contaba Narcisse, escuchó la voz del bokor (el brujo vudú) pronunciando su nombre. Fue desenterrado y salvajemente golpeado, y después conducido a una plantación en Ravine-Trompette, en el otro extremo del país. Tras la muerte de su amo, todos los zombies habían escapado vagando sin rumbo por la isla.

El caso de Francina Illeus (conocida por el apodo de Ti Femme) era similar. Aquejada de serios trastornos digestivos fue ingresada en el Hospital Saint Michel de l’Attalaye. Unos días después de recibir el alta, el 23 de febrero de 1976, fallecía en su casa, siendo expedido el certificado de defunción con esa fecha. Años después su propia madre reconoció a Ti Femme, que estaba más viva que nunca, por una marca de nacimiento que tenía en la sien. La conmoción de esa reaparición motivó que se exhumase el cadáver para intentar resolver el misterio. El ataúd estaba lleno de piedras…

Evidentemente estos casos de zombie, avalados por un historial clínico y certificados de defunción oficiales resultan terriblemente incómodos para la medicina. La única justificación racional, aparentemente, es que los médicos que han certificado la muerte de zombies son una pandilla de incompetentes, o bien los supuestos zombie son unos farsantes que han suplantado la identidad de personas fallecidas. Porque la tercera posibilidad rozaba lo increíble; que la brujería permitiese matar a un ser humano y luego revivirlo para utilizarlo como esclavo es sencillamente inadmisible. ¿O no?

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Davis y sus patrocinadores creían, acertadamente, que entre las fórmulas mágicas, los hechizos y sortilegios vudú, y los ungüentos y filtros de los brujos podía esconderse un secreto de extraordinarias posibilidades médicas. Un excepcional anestésico capaz de limitar las constantes vitales del cuerpo hasta el límite de una muerte aparente, imposible de reconocer por ningún médico, y un antídoto que permitiese “revivir” al “muerto” en su tumba, provocándolo además una amnesia permanente y un estado alucinatorio constante, que lo convirtiese en un dócil, sumiso y obediente esclavo del bokor.

Tras establecer contacto con houngans y bokors (brujos vudú que podríamos traducir maniqueicamente como “magos blancos” y “magos negros”, aunque tal diferenciación es absurda en el culto vudú) haitianos, Davis pudo acceder a algunos de los secretos del vudú, entre ellos el polvo zombie.

Pez GloboLejos de ser producto de extraños sortilegios esotéricos, la zombificación es producto de una excepcional aplicación de la química natural por parte de los bokor. El polvo zombi es un compuesto elaborado a partir de un sin fin de productos de origen vegetal, animal y humano que, mezclados en su exacta proporción, producen el veneno más fascinante de la brujería afroamericana. Extractos de plantas, huesos humanos, tarántulas, sapos venenosos, gusanos y otros ingredientes no menos pintorescos forman parte de ese polvo zombie cuyo principal elemento radica en tetradotoxina contenida en el pez-globo. La tetradotoxina es el veneno de origen animal más potente que existe. Conocido ya en Japón, el pez-globo es un exquisito manjar que los cocineros nipones consideran un auténtico plato de lujo. Pero precisamente la mortífera toxicidad de los ovarios de las hembras, que solo un chef experto sabe identificar, ha provocado numerosos casos de muerte por envenenamiento en restaurantes japoneses.
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