27 May

El triangulo de las Bermudas

El Triangulo de las Bermudas, tambien llamado “El Triangulo de la Muerte” cubre un área que va desde Florida, a las Bermudas, a Puerto Rico y de regreso a Florida. Es en esta zona donde supuestamente se hundió la legendaria “Atlantida” de Platón. Según la leyenda los antiguos Atlantes utilizaban enormes cristales como Fuentes de Poder y psíquicos alrededor del mundo sostienen la teoría de que estos poderosos cristales sumergidos desde hace mas de 10,000 años, son la causa de los extraños fenómenos que suceden en esta asolada zona del océano.



El Triangulo de las Bermudas ha sido el lugar predilecto por los amantes de lo paranormal para señalar de que en toda esta zona existen puertas dimensionales que para algunos se puede viajar al futuro o al pasado y para otros se puede viajar a mundos paralelos al nuestro, fascinante no?

Un común denominador en el Triangulo de las Bermudas, son las extrañas tormentas, alteraciones electromagnéticas, brújulas girando alocadamente y suspensión en los sistemas de propulsión… Todas si ninguna explicación lógica aparente. Aun así, Pilotos, Pescadores y Viajeros e general, se muestran renuentes a reportar sus experiencias, por temor a ser tachados de mentirosos o locos.

A juzgar por los diarios de navegación de los primeros capitanes españoles, comenzando por Colón, el Triángulo de las Bermudas ha sido siempre una zona de peligro, de misterio, y a menudo incluso de fatalidad.

Antes de tocar Tierra en su primer viaje, Colón experimentó ya un anticipo de lo insólito: primero, la visión de las “aguas resplandecientes” de las Bahamas, y luego, de lo que parecía una bola de fuego que dio la vuelta a la nave capitana para hundirse finalmente bajo el mar. La brújula de a bordo sufrió inexplicables perturbaciones. El pánico de los marineros llegó al máximo; incluso se temió un motín.

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En septiembre de 1494, Colón observó las evoluciones de un “monstruo marino” a la altura de La Española, la isla que hoy se encuentra repartida entre Haití y las República Dominicana. El navegante, según la costumbre de la época, lo interpretó como signo precursor de tempestad, por lo que hizo asegurar las naves. El mismo año, un curioso “torbellino de viento” envió a tres de sus barcos al fondo después de “haberlos hecho dar vueltas como una peonza tres o cuatro veces. Sin tormenta ni mala mar”.

En 1592, durante otra expedición, mientras se encontraba descansando en el puerto de Santo Domingo, sintiendo llegar la tempestad, sugirió al gobernador de La Española, su viejo adversario Bobadilla, que aplazara la partida de sus treinta galeones cargados de oro y plata con destino a la madre patria.

El gobernador desoyó olímpicamente la advertencia de Colón con el resultado de que, unos días después, veintiséis de los treinta barcos desaparecían con sus tesoros y sus tripulaciones en la tormenta. Eran las primeras víctimas registradas por la historia, imputables al misterioso Triángulo de las Bermudas.

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